miércoles, 29 de septiembre de 2010
Generación del desengaño.
Dentro de tiempo, en un futuro no tan lejano, el fenómeno clave que se estudiará de esta época no es la crisis bursátil ni hipotecaria, ni los ligeros cambios de un clima siempre cambiante y menos todavía será el terrorismo internacional que nos venden diariamente las agencias de inteligencia con fines claramente propagandísticos.
En el futuro, la antropología estudiará el impacto en la humanidad de la colosal explosión informativa a principios del siglo XXI.
Gracias a internet, a la telefonía móvil, tecnologías GPS y la generación de satélites orbitando toda la tierra el hombre de a pie, en el mundo desarrollado, se encuentra por primera vez, en la historia de la humanidad conocida, con la mayor cantidad de información concebida. Se podría decir que tanto el inconsciente como el consciente colectivo se han materializado en una red palpable y accesible para todos. Se ha abierto brecha por fin en las largas cadenas de prejuicios, intereses, mediaciones de editoriales, impresores, políticos, religiosos, magnates y un largo etcétera que han maquillado el conocimiento humano con pretensiones puramente arbitrarias.
Y nace una nueva generación, la generación que con las mismas inquietudes de las anteriores dispone de infinitas respuestas más.
Pero antes de abordar el tema del impacto de la revolución de las comunicaciones es necesario asentar dos conceptos:
Primeramente es estúpido e inútil intentar meter en el mismo saco a los jóvenes desengañados (con acceso a una buena educación y gran valía aunque frustrados) y los que han sido presa de una deficiente formación, marginalidad, ambientes familiares desestructurados y una sociedad desarbolada en todos los sentidos; porque su dificultad para socializarse y laborar reside básicamente en sus carencias (de las cuales deberían responder políticos en principio) y de la falta de valores universales (de la que somos responsables todos). De hecho, este segundo grupo, víctima de un sistema que tiende al simplismo y la desigualdad por mucho que pregone lo contrario, está siendo usado para desacreditar a todos los demás integrantes de la generación. Yo me siento, acertadamente o no, en el primer grupo: tuve una buena educación y un ambiente familiar propicio.
Y después hay que dejar muy claro que el argumento que dice que todo lo que reside en internet no es cultura y que tiene poca valía nace fruto de la frustración de una generación cuya capacidad de integrarse a esta revolución tecnológica es insuficiente y necesita usar el potencial negativo de la tecnología en cuestión para desacreditarla en su totalidad. En analogía sería poco menos que decir que el fuego sólo sirve, sea cual sea su uso, para quemarse o hacer arder los bosques y suele ser defendida esta patética generalización, en cuanto a la red digital se refiere, por aquellos que a la hora de encontrar en google el emplazamiento de una hipotética calle llamada “Ceguera”, se ponen sus gafas a la altura de media nariz y escriben literalmente en el buscador “quisiera ir a la calle Ceguera, número 2”.
En la revolución informativa, cualitativamente, tiene cabida toda la información, desde la mejor hasta la peor pasando por todos los grises del espectro. Quien no entienda esto no debería continuar leyendo porque no sólo no va a entender a la generación que estamos tratando sino que también puede incluso correr el riesgo de sentirse ofendido o despertar en el mejor de los casos, ¿quién sabe?
Teniendo en cuenta las dos premisas analicemos la generación del desengaño, aquella que con las mismas capacidades que el resto tira la toalla.
Por fin despertamos y atrás quedaron las manipulaciones que nuestros dirigentes y medios influyentes han orquestado durante los últimos decenios, los de la infancia y primera juventud de la generación que tratamos. Todos los ideales que se enarbolaron durante los ochenta y noventa cuando una voz esperanzadora decía “save the world” se derrumbaron en pocos años. Se acariciaba la posibilidad de acabar con la pobreza, las guerras, las enfermedades y la corrupción, auspiciada por las tecnologías; la ciencia nos prometía tener remedio para todo haciendo de éste un mundo mejor en un futuro cercano. Parecía todo muy prometedor, un hermoso sueño, pero algo no funcionaba porque pasaban los años y no parecía que nada estuviera cambiando cuando veíamos volar los misiles de la primera guerra televisada de Bush padre... Además, ¿por qué los diablillos bien reconocidos por todos siguen campando a sus anchas mientras nuestros ídolos comprometidos con ideales humanitarios que alzan la voz sin interese mercantiles detrás de ellos van desapareciendo? ¿Es mala suerte tal vez?
Y de repente llega una generación, que ya no lee el periódico ni ve los telediarios. Estos chavales se pasan horas delante del ordenador y con acceso al volumen de información más grande de la historia de la humanidad, buscando, poniéndose en contacto con otras gentes y formas de pensar hasta ahora inaccesibles, ¿y se pretende que sean normales, corrientes y molientes?
Esta generación irremisiblemente tiene la oportunidad de darse cuenta de que todos esos mensajes de paz, unidad y progreso con los que embotaron nuestra infancia eran un bonito cuento fabulado por los dirigentes del mundo, los grandes capitales, para tener tranquila a una población mundial que se pretende esclavizar a toda costa escudándose en términos tales como “rentabilidad”, “ganancias” y “progreso”. Es así de sencillo, hemos creado un sistema que se nos ha ido de las manos y ahora amenaza con devorarnos.
El panorama es estremecedor. La ciencia y todos los grandes órganos que pueden cambiar realmente la situación energética, sanitaria y ecológica están controlados por una industria todopoderosa que sólo rinde cuentas con sus accionistas y sólo velan por los intereses al mejor precio, manejando gobiernos, leyes y medios de comunicación a su absoluto e impune antojo. Cada vez se nos pide a los trabajadores más por menos y por primera vez atisbamos que, sin lugar a la duda razonable, los que realmente cambian el mundo no se presentan en las urnas. Más horas de trabajo, menos sueldo y más desigualdad pero eso sí, televisores planos y móviles de última generación para todos; bienvenidos al progreso del siglo XXI.
Esta generación pierde la fe en el sistema y éste, cual animal herido y rabioso, se defiende mordiendo, marginando, atacando. Las leyes retrógradas que nada tienen que ver con las exigencias del mundo actual ya no cuelan, la absoluta sumisión y servilismo de los medios de comunicación queda patente a diario. Sus astutas tretas de dividir continuamente a la sociedad ofreciendo pan y circo para resolver ellos por la puerta de atrás, expoliando, es más visible que nunca. Y además, para colmo, comprobamos que la historia de la humanidad que nos han contado es una novelita escrita por los que fueron ganando las guerras y filtrada por mil quinientos años de censura, en nombre de una cruz que nada tuvo que ver con el mensaje original.
Nos vemos, de la noche a la mañana, desprovistos de pasado, presente y futuro, carentes de voz y faltos de oídos que nos escuchen y encima tienen la desfachatez de echarnos la culpa.
La sociedad tiende a una eugenesia tecnocrática atroz, día a día, donde todas las precogniciones más nefastas de todos los grandes maestros de las utopías de los últimos siglos se cumplen paso a paso, punto por punto; como si, sin saberlo, hubieran servido sus novelas futuristas a la par que tenebrosas como guión a los actuales psicópatas que permiten que el ochenta por ciento de la riqueza mundial resida en un veinte por ciento de la población y pretenden decidir por todos nosotros qué es la vida y cómo debemos vivirla. Cada vez nos controlan más y mejor, siendo los derechos suprimidos, amparándose en la “seguridad” pero me pregunto yo, ¿de quién?
El mundo está sometido a una deshumanización continua, pese quien le pese reconocerlo, con un bombardeo diario de propaganda televisiva pueril, contaminación, comida basura, medicamentos lucrativos, legitimación de la guerra y la violencia, dualidad continua en aras de un atontamiento que te enseña la manzana roja y jugosa pero te dicen que no la comas y ahora…, ahora…, me vienen a decir que por qué no trabajo y por qué soy apático.
Nuestros sueños están rotos porque estaban fundamentados en mentiras, dejad que nos recuperemos con algo de tranquilidad antes de formar parte de la cadena de montaje humana. “Save the world”, lo dijo Michael Jackson, y luego resultó que era un hombre enfermizo físicamente, con presuntas apetencias sexuales aberrantes y que acabó sus días en extrañas circunstancias, como tantos otros que dijeron “save the world”. Todavía recuerdo cuando en mi colegio me enseñaron la letra de “We are the world, we are the children” y un sentimiento de euforia optimista me embargaba. Qué inocente era.
Somos apáticos porque este mundo que nos han dejado es una mierda con un panorama muy oscuro donde las flores se miden por cuentagotas. Necesitaremos tiempo para digerir todo el mal trago y elegir en qué intentar cambiar el estropicio que unos hicieron y otros se tragaron, secundándolo. Al menos, tened respeto y dejadnos tiempo para ver qué coño hacemos, estamos muy desengañados porque hemos dispuesto de la herramienta más poderosa de la historia de la humanidad, la información, y hemos descubierto donde estamos realmente viviendo, algunos más conscientemente que otros (y por ello he afirmado que en internet también reside el inconsciente colectivo). Dadnos tiempo, insisto, para que vayamos abandonando las realidades virtuales en las que nos hemos tenido que refugiar para huir de la desidia y empezar a trabajar en mejorar las cosas del mundo real. Bastante con que no tiremos la toalla del todo y nos pongamos manos a la obra a empezar a arreglar el tinglao, con más herramientas que nuestro predecesores.
Ya sé que muchos de mis congéneres al leer mis razones para argumentar el porqué de esta desgana patológica pondrán cara de póker pero seguro que en su interior, muy en su interior, algo por dentro se les moverá, un sentimiento muy profundo de desengaño y tal vez comiencen a ver culpables fuera de sí mismos. No somos peores ni mucho menos, simplemente varios de nosotros nos hemos asomado más a la madriguera del conejo, y ésta apesta.
Atentamente, un “nini”: ni estudio, ni trabajo…. ;)
martes, 28 de septiembre de 2010
Ignición.Que empiece el gobierno del amor.
Este video es una cortesía de Sheyimash!!!
viernes, 24 de septiembre de 2010
martes, 6 de julio de 2010
Cerrado por vacaciones
Últimamente es cierto que no lo actualizo todo lo que me gustaría.A vuelta de verano habrá un cambio en el mismo,descargaré toda la munición que me queda , que son una recopilación de más de mil videos y los post que he encontrado más interesantes en los últimos meses , y añadiré un nuevo rumbo al blog , por primera vez escribiendo mis opiniones sobre la vida , hacia dónde vamos (o nos llevan) de dónde venimos , qué somos y por qué estamos aquí…
Probablemente será mi último año en la blogosfera , sintiéndome bastante contento por haber definido un rumbo y ver que cada vez más gente se suma a escribir sus opiniones sobre el mundo que nos han fabricado.
Ni un paso atrás ante cualquier injusticia.Ni un paso atrás ante los envenenadores de mentes , cuerpos y almas.
Ni un paso atrás ante los que buscan el odio , la fragmentación , la manipulación y el control mental.
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Nos vemos en Septiembre.Busquen la felicidad.
jueves, 24 de junio de 2010
domingo, 20 de junio de 2010
Isaac Asimov y el estado de Israel
Isaac Asimov y el estado de Israel
Isaac Asimov y el estado de Israel
El gran Isaac Asimov (1920-1992) escribió los siguientes párrafos en su absolutamente recomendable Autobiografía, en la que habla sin pudor de si mismo y de su actitud ante la vida. Tantos años después el texto está más de actualidad que nunca, al igual que el resto de la obra de Asimov, que os recomendamos con fervor.
“Con frecuencia, cuando surge el tema de mis viajes me preguntan si he visitado Israel alguna vez.
No, no lo he hecho. Llegar a Israel sin subir a un avión es un asunto demasiado complicado. Tendría que ir en barco y en tren y estoy seguro de que me llevaría más tiempo del que dispongo y sería mucho más complicado de lo que podría soportar.
Por tanto, suponen que, si no voy o no puedo ir, como soy judío, debo tener el corazón destrozado, porque tengo que visitar Israel. Pues no.
En realidad no soy sionista. No creo que los judíos tengan el derecho ancestral de ocupar una tierra sólo porque sus antepasados vivieron allí hace mil novecientos años. (Este tipo de razonamiento nos obligaría a entregar América del Norte y del Sur a los indios, y Australia y Nueva Zelanda a los aborígenes y maoríes.) Tampoco considero válidas legalmente las promesas bíblicas hechas por Dios de que la tierra de Canaán pertenecería para siempre a los hijos de Israel. (Sobre todo, porque la Biblia fue escrita por los hijos de Israel.)
Cuando se fundó el Estado de Israel, en 1948, todos mis amigos judíos estaban felices; yo fui el aguafiestas. Les advertí:
-Estamos construyendo un gueto nosotros mismos. Estaremos rodeados por decenas de millones de musulmanes que nunca perdonarán, nunca olvidarán y nunca desaparecerán.
Estaba en lo cierto, sobre todo cuando resultó que los árabes estaban asentados en la mayor parte de los abastecimientos petrolíferos del mundo. Así que las naciones del mundo, que necesitaban el petróleo, pensaron que era diplomático ser pro-árabe. (Si el tema de las reservas petrolíferas se hubiese conocido antes, estoy convencido de que Israel no se habría creado.)
Pero ¿no merecemos los judíos una patria? En realidad, creo que a ningún grupo humano le conviene pertenecer a una “patria” en el sentido habitual de la palabra.
La Tierra no debería estar dividida en cientos de secciones diferentes, cada una habitada por un solo segmento autodefinido de la humanidad que considera que su propio bienestar y su propia “seguridad nacional” están por encima de cualquier otra consideración.
Soy partidario de la diversidad cultural y me gustaría que cada grupo identificable valorara su patrimonio cultural. Por ejemplo, soy un patriota de Nueva York y si viviera en Los Ángeles me encantaría reunirme con otros neoyorquinos expatriados y cantar Give My Regards to Broadway.
No obstante, este tipo de sentimientos deben ser culturales y benignos. Estoy en contra de ello si cada grupo desprecia a los demás y aspira a destruirlos. Estoy en contra de dar armas a cada pequeño grupo autodefinido con las que reforzar su propio orgullo y sus prejuicios.
La Tierra se enfrenta en la actualidad a problemas medioambientales que amenazan con la inminente destrucción de la civilización y con el final del planeta como un lugar habitable. La humanidad no se pude permitir desperdiciar sus recursos financieros y emocionales en peleas interminables y sin sentido entre los diversos grupos. Debe haber un sentido de lo global en el que todo el mundo se una para resolver los problemas reales a los que nos enfrentamos todos.
¿Se puede hacer esto? La pregunta equivale a: ¿puede sobrevivir la humanidad?
Por tanto, no soy sionista porque no creo en las naciones y porque los sionistas lo único que hacen es crear una nación más para dar lugar a más conflictos. Crean su nación para tener “derechos”, “exigencias” y “seguridad nacional” y para sentir que deben protegerla de sus vecinos.
¡No hay naciones! Sólo existe la humanidad. Y si no llegamos a entender esto pronto, las naciones desaparecerán, porque no existirá la humanidad.”
La foto de cabecera es un mural del pintor mexicano Diego Rivera (El hombre en la encrucijada) y fue pintado en el año 1934 en los muros del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.
Extraido de:
viernes, 11 de junio de 2010
El silencio de los corderos
Las cajas están dirigidas por políticos preocupados por sus intereses y los de su partido.
Las entidades financieras condonan dichos créditos a los partidos políticos.
Los partidos en el poder nombran a los ejecutivos de los organismos reguladores.
Los organismos reguladores tienen que vigilar a las entidades financieras. Pero las entidades financieras son las que conceden y condonan préstamos a los partidos que han puesto a los ejecutivos en los organismos reguladores.
Las entidades financieras que conceden préstamos a los partidos son miembros del AIAF. Y tienen que ser reguladas y controladas por sus deudores (así nos va).
El estado avala e inyecta dinero en las entidades financieras. No puede dejar caer entidades dirigidas por los políticos de su partido: quedaría feo. Además, tiene que proteger a sus prestamistas y a los de sus amigos. Ver este post CCM amortiza todas sus preferentes a la par
Aparte, el estado exige a las entidades que compren deuda pública española, que para eso les ha financiado (en algunos casos, comprado, cuando el préstamo es incobrable,) con el dinero de todos.
Las entidades financieras españolas compran deuda pública a pesar del riesgo de pérdidas por la probable bajada del precio de los bonos. También lo hacen para evitar el descalabro de sus resultados al valorar su cartera de bonos del estado. Si una subasta de bonos quedara desierta, caerían los precios de los bonos y acabaría de hundir su cuenta de resultados.
Las cajas se inventan los SIP y el banco de España los autoriza (casi los obliga) para trincar dinero fresco y continuar con todos los despropósitos anteriores.
El estado utiliza la hucha de las pensiones y se gasta todo el dinero en deuda pública española. Esto es ilegal, porque la deuda ya no tiene triple A, pero, ¿quién lo va a denunciar? Si alguien propone gestionar bien el dinero de los pensionistas, nadie le hace caso.
Dicen que hoy sube el Ibex porque la subasta de bonos a 5 años ha sido un éxito. Que digan quién ha comprado esos bonos y con qué dinero lo ha hecho.
Mientras, el estado español sigue en Defcon 2 con la complacencia de todos sus súbditos.
Conclusión: hay que constituir un partido político nuevo, cuyo único punto en su programa electoral sea ganar las elecciones para devolverle el poder al pueblo. En otras palabras, devolverle su significado a la palabra “democracia” con la que algunos listillos les gusta llenarse la boca.
En breve pondré aquí una propuesta descabellada, radical y utópica como la mayoría de las que hago, para fundar una sociedad democrática. Romper la baraja y escoger nuevas reglas para el juego. Cuando un árbol tiene las raíces podridas, la única solución es cortarlo y plantar otro. La sociedad actual no admite remiendos, hay que desmontarla y empezar desde cero con unas normas que beneficien, protejan y faciliten la vida del 98% de la población.
La propuesta será utópica, porque los que ahora chupan del bote le tienen el coco comido a los paganos, y eso es muy difícil de devolver a su estado original. El punto fundamental del lavado de sesos es haber convencido a la población de que los que lleven la contraria a los poderes establecidos son unos peligrosos antisistema que quieren derrocar el estado de bienestar e imponer una dictadura salvaje. Este estribillo, junto con el miedo al cambio que tiene cualquier ser vivo, protegen infaliblemente los intereses de los cuatro gatos que dominan al grueso del dócil rebaño.
A algunos lectores les puede parecer que estoy proponiendo una revolución. Yo lo llamaría evolución. Se puede evolucionar de dos formas:
1) Adaptándose a los cambios medioambientales para sobrevivir.
2) Por la puesta en práctica de una técnica, un método o una treta con la que una especie se proteja del ataque de sus depredadores naturales. En este caso, todos sabemos muy bien quiénes son los lobos y quiénes han asumido el papel de corderos en la función. Hay un millón de corderos por cada lobo. Sólo conocer este dato debería ser suficiente para erradicar de un plumazo el poder de los escasos lobos. En realidad, este poder no lo pueden mantener ni por la fuerza (porque no la tienen), ni por la ley (la constitución no ampara lo que está ocurriendo), ni por ética (las élites son corruptas hasta la médula), ni por los más elementales derechos humanos para una convivencia justa y pacífica.
Espero que termine de una vez el silencio de los corderos y que nos hagamos oír con algún eslogan machacón que penetre en el subconsciente de la población. Espero vuestras propuestas para dicho eslogan.
Mi propuesta es: corderos unidos, por un mundo sin pastores ni sanguijuelas.
Extraido de:http://www.rankia.com/blog/llinares/505604-silencio-corderos
“En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario” G. Orwell
miércoles, 9 de junio de 2010
Roma no paga a traidores
Así como el premier japonés tuvo que dimitir por pretender que los marines se vayan de su país, la legendaria periodista Helen Thomas fue despedida de la Casa Blanca por susurrar lo que todo el mundo acuerda: Fuera el Estado Terrorista de las tierras palestinas. Se acaba la carrera de la última voz independiente de USA.
Pero cabe recordar que pasó con la Pax Romana , lo mismo sucederá con la Pax Americana , hasta llegar al meollo del asunto...
Lo que venimos sugiriendo algunos desde hace tiempo ya , para ser falsos los Protocolos se cumplen pasito a pasito. Si tienen un ratito libre échenles un vistazo , no les defraudarán..
viernes, 28 de mayo de 2010
Psiconautas. Documental
Un grupo de Adultos jóvenes es entrevistado acerca de sus experiencias con sustancias psicodélicas, en el desarrollo de las entrevistas se visualizan varios tipos de perspectivas, los usuarios tienen sus propios puntos de vista de lo que va todo esto, se puede ver desde el científico, el budista, el espiritual, el explorador, etc.
En general se puede decir que los usuarios psicodélicos entrevistados tienen un buen argumento por el cual han vivido este tipo de experiencias.
martes, 25 de mayo de 2010
El futuro de Youtube
¿Habéis notado cambios en Youtube en los últimos tres años , verdad??
Descargalo en:
http://www.megaupload.com/?d=41TQDMZQ
ESte es el video original en inglés:
Pasito a pasito lo van cambiando , sin prisa pero sin pausa.
lunes, 24 de mayo de 2010
Paul Ariés. Menos bienes , más lazos.
Primeros minutos de un debate televisivo en una televisión francesa encontrado en el canal de Halo2pc, en que se charla con el politólogo y gran inspirador del movimiento por el decrecimiento Paul Ariès.
En esencia, la idea de Ariès sería que, dado que hoy día trabajo implica producción y el subsiguiente poder adquisitivo implica consumo, la cantidad de trabajo humano que el planeta puede soportar es limitada, y habrá que plantearse cómo se reparte el trabajo o el beneficio resultante del trabajo innecesario.
El discurso de Ariès puede parecer utópico, pero es realizable con las herramientas que conocemos, y los planteamientos del movimiento por el decrecimiento serían una solución factible a los problemas de limitación de recursos a que nos vemos destinados.
No obstante, y desafortunadamente, lo más probable es que los países ricos no logren dar el auténtico cambio de valores que se debe dar para organizar una sociedad en que no sea la posibilidad de lucro y acumulación lo que confiere motivación para la gran mayoría de sus actividades. La civilización occidental debe acabar de consumirse.