martes, 25 de agosto de 2009

Enteógenos , la tecnología mental

Gracias a haiminho por este excepcional texto

"hablemos ya claro de una vez caballeros... los enteógenos han sido repudiados porque es la tecnología mental más peligrosa para los cimientos del sistema, son cargas de demolición descontrolada.
Los enteógenos son una forma de conectar rápidamente con nuestro pensamiento ancestral, es como rebobinar nuestra psique a cuando éramos cazadores recolectores, seres muy sensibles, que vivíamos al día de lo que ofrecía su entorno. Entonces hablemos pues de estas gentes tribales.
El hombre primigenio vivía en un mundo en el que todo color u olor es muy importante porque es la diferencia entre alimento bueno o dañino, reconocer una planta o confundirla con otra peligrosa o incluso para ubicarse en la selva o el entorno por sus tonalidades, formas u olores. Esta necesidad de observar y sentir su alrededor día tras día les obligaba a desarrollar sus sentidos hasta el límite de lo posible.
Cuando estos hombres andan por la selva observan con mucho detenimiento su espacio circundante leyendo todos y cada uno de los detalles que le ofrecen sus sentidos, viven en el mundo de las sensaciones y andan sigilosamente procurando ser parte del entorno mientras lo desglosan meticulosamente. Estos hombres son ante todo pura sensibilidad debido a un entorno cambiante a diario, con múltiples peligros acechando y provistos de animales y frutos que no se dejan coger fácilmente. El riesgo de no ser sensible para el desarrollo en su sistema es morir bajo las garras de una fiera, perecer de inanición o ser pasto de enfermedades propias de la malnutrición.

El hombre primigenio dota de ánima a todos los seres, este es el pensamiento mágico por antonomasia. Es un rasgo universal tanto en el espacio como en el tiempo, el hombre tribal dota de ánima o espíritu a todo cuanto lo rodea; esto provee a cualquier animal, planta u objeto de personalidad que hay que saber entender y respetar.

Su percepción del tiempo es radicalmente distinta a la nuestra, ya que todos son ciclos. No existe para ellos una línea recta que indica pasado, presente y futuro porque en realidad el mismo sol de hoy es el de ayer y las mismas flores primaverales que perecieron volverán en la misma primavera que retornará con sus mismas flores y frutos renaciendo. Son ciclos eternos no cuantificables.

El espacio también lo perciben de forma distinta ya que cada localización es un mundo distinto y único influenciado por los seres o elementos que haya a su alrededor, por aquello que haya acontecido en él o simplemente porque son lugares distintos que se deben tratar de forma distinta, como los espacios sagrados.

Todas estas circunstancias y características se daban y siguen dando en hombres que pertenecen a pequeños clanes familiares, nómadas normalmente, que se buscan su alimento en el día a día extrayéndolo directamente de la propia naturaleza a la que adoran tanto como el fruto que se llevan a la boca; una mentalidad radicalmente distinta a lo que conocemos como la personalidad de un hombre occidental del siglo XX-XXI, indudablemente.

Pues bien, ahora piensen en los efectos de los enteógenos y sus cambios de la percepción y el pensamiento y compárenlo con la mentalidad y psicología de un hombre salvaje. Son exactamente los mismos. Los enteógenos proveen de mayor sensibilidad tanto emocional como perceptual, distorsionan el espacio-tiempo transportando a un mundo regido por el puro presente, todo tiene valor, los detalles son capitales y se tiende a personificar los elementos inanimados; de repente una mesa se vuelve tozuda, un cojín revoltoso o un árbol sabio.
No cuesta imaginar pues que el hombre tribal siempre haya usado los enteógenos para buscar consejo o energía para la caza, buenas relaciones con los espíritus, sanarse o entenderse a si mismos. Pero ahora tal vez no cabría más posibilidad que preguntarse..., ¿los hombres antiguos eran así y por ello, por su naturaleza permeable, tomaban enteógenos o por tomarlos se convirtieron así? En realidad, las dos preguntas sean posiblemente un sinsentido o no siendo ambas certeras pero de lo que no hay duda es que el pensamiento humano, al menos en sus orígenes, ha marchado muy ligado a estas sustancias.

Ahora bien, cojan a un hombre que renunció hace muchas generaciones al estilo de vida cazador-recolector y háganle sentir y palpar todo ese torrente de emociones y sensaciones propias de un hombre que vive al día, en el que todo es importantísimo para sobrevivir, todo tiene vida y personalidad y además se ve envuelto por un tiempo y espacio incalculables en los que las cosas se repiten o rigen por leyes que escapan a la razón de este mundo. El cóctel es explosivo.
No es de extrañar en absoluto que gran parte de los ideales ecologistas, el amor a la naturaleza, introducción de filosofías antiguas y una nueva forma de ver la vida más propensa a la relación más amable con la naturaleza surgieran en occidente en las primeras generaciones que se enfrentaron por primera vez al mundo de la psicodelia, allá por los años cincuenta, sesenta y setenta; regresaron al pasado sin saberlo gracias a esta tecnología milagrosa pero desconcertante.
Occidentales con cuenta corriente accediendo sin más a la sensibilidad que tiene, por ejemplo, un indio shuar de la amazonía ecuatoriana cuando busca un jabalí por el bosque, ¿cómo no iba a estallar aquello?
El sistema actuó como en realidad era lógico: rápido, sesgando de raíz aquel movimiento que aspiraba más a la vuelta al campo que a la producción en masa, industrialización, vida en ciudades superpobladas y modernización.
Estas sensaciones enteogénicas que “azotaron” a estas generaciones de la psicodelia transportaban, sin más, a un mundo en el que correr desnudo por el bosque es mil veces más emocionante que ir a la bolera. Un viaje demasiado lejano, demasiado poderoso para unas mentes que tienden a esquematizar y simplificar.
Es interesante recalcar que el primer medio en el que se movió el Lsd en sus comienzos y en el que más influyó fue el propio de intelectuales, químicos, artistas, científicos, escritores, antropólogos y universitarios; antes de llegar a las calles como una droga más. Comenzó siendo un mágico encuentro con la esencia del hombre y un contacto con nuestra psique más ancestral para convertirse en un "narcótico", un "estupefaciente", una "droga peligrosa" más, siendo todos estos calificativos insufribles los estandartes que los medios de comunicación, la voz ronca del sistema, han izado hasta la saciedad.

Porque el problema de los enteógenos en Occidente no es un problema de inteligencia ya que estas primeras gentes que lo usaron en un contexto intelectual, científico y médico lo eran y mucho (hasta que llegó la represión de las altas esferas del sistema del tío Sam).

En realidad, es un problema de lo dispuesto que está uno a acceder, gracias a esta tecnología mental, a las sensaciones, visiones y pensamientos que teníamos antes de subirnos al carro de la vorágine de la industrialización, de recuperar la libertad que hemos tenido durante cientos de millones de años de evolución siendo homínidos libres sujetos a las impredecibles fuerzas de este mundo y de otros invisibles y, después de este inolvidable viaje de unas pocas horas, volver a la tediosa y gris realidad del sillón y el televisor..."; aventura o rutina, ser o no ser, esa es la cuestión.

Se puede concluir que los enteógenos no son nada aconsejables, en principio, para los corazones perezosos pero claro, es en este punto cuando viene Murphy y establece que, irónicamente, son precisamente estas almas asoladas por el tedio de la rutina las que más pueden beneficiarse de estas sustancias sagradas y curativas, aún cuando al principio cueste un mundo derrumbar el castillo de naipes que nuestra comodidad ha construido durante siglos de industrialización voraz y pocas ganas de creer en nada.”

Extracto de Los pensamientos de Jaime