jueves, 8 de octubre de 2009

John Lash : Teoría Gnóstica de intrusión extraterrestre.Mito Platillista

La Teoría Gnóstica de Intrusión Extraterrestre

Por John Lash

Desde la explosión del fenómeno ET/OVNI en 1947, especulación acerca de la intrusión en el planeta Tierra ha sido rampante. Media docena de teorías dominan el debate, pero hay una teoría que necesita aún ser examinada. No surgió después de 1947, sino aproximadamente 1600 años antes. Para ser precisos, la evidencia de esta teoría salió a la luz a través de un descubrimiento en Egipto en diciembre, 1945, aunque la importancia del descubrimiento no fue tomada en cuenta sino hasta - ¿adivinen cuándo? 1947.

En ese año, el académico francés Jean Doresse identificó el descubrimiento egipcio en Nag Hammadi como un escondrijo de raros textos gnósticos. “Gnosticismo” es la etiqueta que los académicos utilizan para un grupo de enseñanzas derivadas de las Escuelas de Misterios de la antigüedad pre-cristiana. Los gnósticos que protestaron contra las doctrinas cristianas tales como la retribución divina y la resurrección de Cristo se vieron señalados como herejes y fueron brutalmente reprimidos por los primeros conversos a la Única Fe Verdadera. Ésta es la historia no relatada de cómo terminaron los Misterios. Desde el año de la señal, 1947, alguna parte del conocimiento perdido de la Escuela de Misterios ha sido recuperada.

Gnosis (”saber interno”) era un camino de misticismo experimental en el que los iniciados de las Escuelas de Misterios esploraban la psique y el cosmos en su grandeza. Haciendo uso de plantas psicoactivas, yoga, y magia sexual, estos antiguos videntes experimentaron estados alterados y desarrollaron siddhis, habilidades ocultas tales como la clariaudiencia y la visión remota. Gnosis era una especie de ciencia yógica noética combinada con parapsicología. En la percepción acrecentada, los gnósticos desarrollaron una vasta visión cosmológica centrada en una deidad femenina, la Sofía Divina. El mito de la creación gnóstico es único en que incluye una completa explicación de cómo seres inorgánicos extraterrestres se presentaron en nuestro sistema solar.

El material de Nag Hammadi contiene reportes de experiencias visionarias de los iniciados, incluyendo encuentros de primera mano con seres inorgánicos llamados Arcontes. La enseñanza gnóstica explica que estas entidades surgieron en la primera etapa de formación del sistema solar, antes de que la Tierra fuera formada. Los Arcontes habitan el sistema solar, el reino extraterrestre como tal, pero pueden intervenir en la Tierra. Interesantemente, esta idea gnóstica va cercanamente de acuerdo con el punto de vista de Jacques Vallee, quien sostiene que los ET/cyborgs pertenecen probablemente al reino planetario local. Vallee también propone que el enigma ET/OVNI es un “sistema de control espiritual”, un fenómeno que “se comporta como un proceso de condicionamiento”. (Mensajeros del Engaño). Esto es exactamente lo que los gnósticos dicen acerca de los Arcontes: pueden afectar nuestras mentes por medio de técnicas de condicionamiento subliminales. Sus principales tácticas son el error mental (virus intelectual, o ideología falsa, especialmente doctrinas religiosas) y simulación. Los Arcontes son predatorios, a diferencia de una amplia gama de seres no-humanos y de otras dimensiones que también eran conocidos por los gnósticos, seres que son benévolos o neutrales hacia la humanidad.

Las descripciones físicas de los Arcontes ocurren en muchos de los códices gnósticos. Dos tipos son identificados claramente: un tipo neonato o embriónico, y un tipo dracónico o reptiliano. Obviamente, estas descripciones corresponden a los Grises y Reptiles de los reportes contemporáneos [...]

Una cosa que los gnósticos enseñaron es que estas entidades nos envidian y se alimentan de nuestro miedo. Sobre todo, intentan impedir que reclamemos y evolucionemos nuestra “luz interna”, el don de la inteligencia divina interna. [...]

Este texto me

Mito platillista

Encontré por casualidad este foro. Me doy cuenta de que hay personas que están pasando por una experiencia que yo viví hace ya muchos años, y pienso que podría ayudar un poco si resumo brevemente lo que me ocurrió. Quizás la lectura de estas líneas aproveche a los que desean fervientemente un contacto con quienes suelen identificarse ante nosotros como los “HERMANOS MAYORES DE LA HUMANIDAD”.
Todo empezó el 17 de mayo de 1974. Desde aquel día y durante varios meses todo fue un continuo zafarrancho de mensajes telepáticos, localización de grupos de personas interesadas en el fenómeno, avistamientos, intentos de grabar sesiones de contacto, etc. El momento más crucial ocurrió a las 11 de la noche del 27 de agosto de ese año. Aquel día, el grupo de unas 30 personas que veníamos siguiendo con asombro, curiosidad, emoción y tremendo entusiasmo las manifestaciones de esas entidades, TUVIMOS UNA IMPRESIONANTE EXPERIENCIA. Era aquél un grupo heterogéneo en el que había seis o siete profesores universitarios, varios comerciantes, un editor, un banquero, trabajadores, amas de casa, jóvenes estudiantes, un par de hippies, etc. Una de las cosas extraordinarias era que nos guiaban un par de chicas, hijas del banquero, una de 18 y otra de tan sólo 12 años. Las dos tenían poderes de mediumnismo y a través de ellas habíamos venido recibiendo todo tipo de mensajes, entre ellos el que nos citaba aquel día en la cima de un cerro a esa hora.
El espectáculo que allí presenciamos fue inolvidable y lo recuerdo ahora con vivo detalle aunque han pasado ya 35 años desde entonces. De repente, en medio de una noche clara y estrellada, empiezan a “desprenderse” de aquí y allá, de la derecha, de la izquierda, de arriba, de abajo, de todas partes, unas estrellas que se mueven, se acercan a otras, se cruzan en sus estelas, y como en una revista aérea, nos hacen un show increíble de pares y tríos o quintetos y sextetos en perfecta formación. ¡Uau! Muchas cosas ocurrieron aquella noche, además de los vuelos rasantes y tan cercanos a nosotros que nos arrancaban lágrimas y gritos de emoción y alegría: todo eso sucedía en medio de una secuencia de intensísimos relámpagos que silenciosos “estallaban” a nuestro alrededor iluminando el escenario de sus vuelos como si fuera pleno día. Dos o tres personas vieron incluso una brillante figura humanoide que caminaba cerca de donde estábamos.―La mayoría de nosotros no la vio―. Yo difícilmente podía quitar los ojos de las “estrellas” que se movían al nivel de nuestros ojos sobre la ciudad. Aquello duró un par de horas.
Al otro día sonreíamos entre nosotros con complicidad ante los comentarios de la gente acerca de los extraños relámpagos y espectáculo de luces de la noche anterior sobre el cerro. A nadie contamos, porque nos habíamos propuesto mantener el secreto, que nosotros habíamos estado metidos justo en medio de todo aquello.
En septiembre los mensajes que nos llegaban a través de las niñas eran cada vez más apremiantes: EL FIN DEL NUNDO SE ACERCABA, la guerra atómica estaba ya en los umbrales de su aparición, el Apocalipsis era inevitable, y la humanidad entera iba a desaparecer de la faz del planeta. En ese momento nos encontrábamos demasiado obnubilados por la experiencia que vivíamos para razonar con posibilidades de deducción lógica. Sin embargo, un par de semanas después, un joven universitario comenzó a proponer procedimientos de racionalización del fenómeno. Mientras tanto las niñas médiums continuaban entrando en trances anunciando la inminente catástrofe nuclear por una guerra entre las dos grandes potencias del momento, de la que SÓLO SE SALVARÍAN UNOS POCOS SERES HUMANOS, entre ellos nosotros, pero sólo si persistíamos en esos contactos. Para nosotros y los demás elegidos los extraterrestres habían preparado unos refugios en lo más profundo de las selvas amazónicas y cuyas coordenadas geográficas para su localización nos serían dadas un poco antes de la ocurrencia de la catástrofe. Entonces empezó a cundir entre todos nosotros un creciente sentimiento de despreocupación por la vida cotidiana y una obsesión por prepararse para “el final de los tiempos”. ¿Para qué continuar estudiando? ―Se preguntaban unos― si todo se va a acabar. ¿Para qué seguir esclavo de mi negocio? ―decía el comerciante dispuesto a convertirse en misionero e irse a predicar la inminencia del fin. Para todos nosotros la vida y la rutina diaria perdieron su sentido, y yo, que siempre he sido un firme cumplidor del deber laboral, por primera y única vez en mi vida descuidé mis obligaciones. Afortunadamente para todos nosotros, hubo dentro del grupo quién llamara a la sensatez y la reflexión.
¿Quiénes o qué eran esas entidades? Se identificaban como PROCEDENTES DE LAS PLÉYADES, de un planeta llamado Klisoptison. En uno de esos contactos, recuerdo bien, nos pidieron que les entregáramos una porción de nuestras energías vitales: debíamos para hacer eso voltear las palmas de las manos hacia arriba y concentrar todo el poder de la mente en darles lo que pedían. Trataban de tranquilizarnos con respecto a la sensación de cansancio y de sueño que tendríamos en los días siguientes, diciéndonos que era eso parte del proceso de preparar nuestras mentes, haciéndolas más agudas y perceptivas, para recibir directamente sus mensajes sin necesidad de médiums para que las niñas pudieran descansar. (Era evidente el efecto nocivo que sobre ellas tenía esa actividad, y las notábamos cada vez más sensibles y nerviosas, además de que adelgazaban a ojos vistas).
Cada vez nos hablaba una entidad diferente. Se identificaron sucesivamente con los nombres de Kroms, Esteris, Soal, Ekseclón y Cliptos. Por entonces supimos de un ingeniero costarricense llamado Enrique castilloque se hacía muy conocido porque decía haber tenido ENCUENTROS DEL TERCER TIPO CON EXTRATERRESTRES. Lo invitamos a varias de nuestras sesiones. Él mismo era un receptor o “médium” y había estado hablando con un ser llamado Krishnamerk. Cuando él y yo analizamos su experiencia, lo primero que notamos es que ése era un nombre de evidentes raíces sánscritas, -―lo que nos dio interesantes pistas acerca del posible origen de la infinidad de dioses hindúes―.
Cando tímidamente dentro del grupo contactador empezamos en las sesiones a expresar nuestras dudas, en especial con respecto a eso de darles nuestras energías, y del evidente deterioro de la salud de las niñas, intentaron tranquilizarnos. Nos insistieron que SUS INTENCIONES ERAN SALVARNOS, que obraban por nuestro bien, y que esas energías que les dábamos revertirían en posteriores beneficios para nosotros. Como a algunos no nos gustaba la idea de continuar con ese proceso, insistimos en mayores explicaciones. En medio de una sesión de “entrega de energía”, de repente las niñas dieron simultáneamente un respingo, palidecieron intensamente y una de ellas perdió el conocimiento. A continuación, por medio de la que aún hablaba nos ordenaron suspender inmediatamente la sesión y dispersarnos, porque “UNA ENTIDAD MALIGNA” había interferido y se había robado la energía. Aquel día nos alejamos de allí casi con pánico. La chica estuvo en estado de shock durante 24 horas.
Volvimos la noche siguiente. La chica abrió los ojos en su cama y empezó a hablar en trance. Ante nuestra insistencia acerca del peligro que podría implicar para nosotros, nos dijeron a través de ella que nada teníamos que temer, que ellos no eran como otros seres “indeseables”, como ése que nos había interferido y cuya intención era APROVECHARSE DE LOS HUMANOS PARA ROBARLES SUS ENERGÍAS. Por supuesto que prometieron protegernos de ellos, alejarlos de nosotros y hasta eliminarlos.
Como se incrementaban las sospechas entre los más intelectuales del grupo, de que ESTÁBAMOS SIENDO UTILIZADOS POR ALGO O ALGUIEN CON FINES MUY POCO CLAROS, y que era necesario suspender esas sesiones y terminar de una vez con esos contactos, actuaron entonces sobre las niñas: ellas comenzaron a recibir mensajes aún fuera de nuestras sesiones, interfiriéndoles su vida diaria y sus estudios. Pareció como si de repente esas entidades o lo que quiera que fueran, se hubieran dado cuenta que estaban en peligro de perdernos, e intensificaron su acción, conminándonos a reunirnos a diario para contactarlos. Para recordarnos que pronto debíamos irnos por el mundo para predicar sus mensajes, llevando con nosotros el poder de citarlos para dar con su aparición testimonio de lo que decíamos, HACÍAN VISTOSAS APARICIONES SOBRE LA CASA DONDE ESTÁBAMOS REUNIDOS. Nos invitaban a asomarnos a las ventanas y constatar su presencia. Si, nunca fallaron: allí estaban “camuflados” como estrellas que de pronto comenzaban una fantástica danza, produciendo júbilo y renovados bríos en los más fanatizados y dudas en los que nos mostrábamos más reacios a continuar. Una cosa debo aclarar aquí: sólo una vez en que el avistamiento tuvo lugar en pleno día PUDIMOS DETECTAR MUY CLARAMENTE BRILLO METÁLICO EN UNA NAVE. Todo lo demás fueron luces multicolores en la noche.
SE SENTÍA EN ESAS SESIONES UN CAMPO MAGNÉTICO CASI A FLOR DE PIEL. Además, todas las veces que nos encontrábamos reunidos, sin importar el lugar, se interfería la recepción de televisión en todo el vecindario. Debo añadir también que fracasaron todos nuestros intentos de grabar las sesiones, porque al parecer se creaba un campo de fuerza tal que impedía el proceso, y las cintas sólo grababan silbidos y chirridos estridentes. Una vez fallaron tres grabadoras que intentamos usar simultáneamente. Debo decir en su beneficio, que esas entidades tuvieron la delicadeza de hacer excluir de las sesiones a chica que estaba embarazada.
Pero parecían temer mucho que pudiéramos cancelar esas contactaciones y no cesaba la enumeración de los supuestos beneficios que estábamos continuamente recibiendo de ellas. Cuando vieron que el grupo amenazaba disolverse y que las sospechas aumentaban, apelaron a la parte más vulnerable e influenciable en nosotros los humanos: el ego. NOS DIJERON QUE ÉRAMOS ELEGIDOS, que no era la primera vez que nos poníamos en contacto, que en incontables vidas anteriores habíamos iniciado con ellos un proceso de enriquecimiento espiritual, que éramos por ese motivo diferentes a los demás, más evolucionados, y que pronto nos íbamos a beneficiar de esos contactos. Nos decían que en cada sesión estaban activando en nuestros cerebros unas células llamadas “prosilocitos” que la ciencia humana aún no ha descubierto, pero que son aquellas que nos proporcionan acceso a la telepatía, a la clarividencia y al enriquecimiento y perfección de nuestra inteligencia.
Aquello iba ya mucho más allá de lo tolerable. Teníamos que parar. Pero fue muy difícil convencer a los más reacios a disolver el grupo. Los que éramos más conscientes invocamos la salud de las niñas como motivo principal. Los más fanáticos (y ahí se incluían los padres de las chicas) estaban dispuestos a todo, hasta el abandono total de toda actividad que no estuviera relacionada con la experiencia.
Ante el lastimoso estado de las chicas, una noche no pude contenerme más: me levanté muy decidido y conminé a quienquiera que hablaba a través de ellas, a dejarlas en paz, a respetar nuestra libertad como seres humanos, invité a los demás a abandonar esa actividad, y salí de la habitación. Varios me siguieron. En la calle tuve que enfrentar a un energúmeno hermano de las niñas empeñado en que debiera continuarse hasta el final sin importar las consecuencias. Aquella noche por muy poco no nos fuimos a las manos. El grupo, aunque reducido, continuó después de que el núcleo más pensante o intelectual lo abandonó. Finalmente terminó disolviéndose uno o dos años después.
Evidentemente competían ferozmente entre ellos por “COMERSE” NUESTRA ENERGÍA, pero debo aclarar que aparte de eso, nunca recibimos una agresión o cosa similar, y por ese motivo me abstengo de llamarlas “malignas”. Pero de que NOS ENGAÑARON, no me cabe duda y que necesitaban de nosotros, tampoco. Ahora veo que continúan necesitando de “adeptos” y que hay muchas personas dispuestas y decididas a seguirlos. No hago diferencia entre esas entidades. Son las mismas, con el mismo vocabulario y habilidad para encandilar incautos.
A finales de 1974 nos seguían insistentes ―a mí al menos―, manifestándose por ejemplo ante personas relacionadas conmigo que poco o nada sabían de aquello, quizá con la intención de que al contarme mis parientes y amigos lo que veían, me convenciera yo de la necesidad de volver a ellos. Hicieron por ejemplo dos intentos muy serios de contactar a mi esposa, aunque ella nunca había manifestado el menor interés por ellos. Los vi en varias ocasiones siguiéndome cuando viajaba, e incluso una noche, a través de la ventana de mi oficina, mientras hablábamos de ellos, mandaron un flash tan intenso que dejó encandilados y perplejos a todos los que trabajaban conmigo en aquel momento. Pero me negué a aceptarlos, e incluso, en otra ocasión, a pleno día, y mientras caminaba por la calle, volví deliberadamente la espalda a una nube que flotaba sobre los edificios y de la que salían resplandores metálicos y que comenzaba ya a atraer la atención de los transeúntes. Poco a poco empezaron a ser más distantes y débiles las señales de su presencia, hasta que cesaron por completo a mediados de 1975.
Pues la ciencia aún no encuentra los tales “prosilocitos” en nuestro cerebro; evidentemente no ocurrió una guerra atómica entre las dos grandes potencias de aquella época, y sin embargo ahora veo en este foro que esos “hermanos mayores” todavía siguen apareciendo y haciendo vistosos shows para reclutar adeptos a...¿Qué? No lo sé. ¿QUIÉNES SON? Tampoco lo sé. ¿Extraterrestres? No lo creo. Me inclino más por la teoría de que conviven con nosotros y que se mueven en el astral o/y en una interdimensionalidad que está más allá de nuestra comprensión y tecnología. Enrique ha asegurado siempre que sí son extraterrestres. A propósito de Enrique: perdí después todo contacto con él, pero lo vi hace unos ocho años en la televisión, tan obsesionado como en los setenta, hablando sobre el tema, y me di cuenta que insiste en seguir llamándolos extraterrestres. Bueno, hay que considerar que él había tenido un encuentro del tercer tipo unos meses antes de que compartiéramos la experiencia con el grupo de contactadores de aquella época. En dos o más ocasiones el pasó muchas horas dentro de un OVNI, una buena parte de ellas en diálogo con esos seres.
Desde 1975, y con cabeza fría, libre ya de la presión del grupo, me puse a investigar buscándolos en la historia de la humanidad. Con el paso de los años concluí poco a poco que esas entidades HAN ESTADO CON NOSOTROS DURANTE MILENIOS, y sólo cambia su forma y manera de percibirse de acuerdo con los tiempos, la mentalidad, la ideología y las culturas en que se manifiestan: en los tiempos bíblicos eran ángeles; en Persia eran jins. En Arabia eran effrit. En Caldea eran los Igigis y Nibirus. En Europa del norte eran los Aesir y Vanir. En Irlanda y todo el folclor celta aparecen con diferentes nombres tales como Twata de Danaam, Leprechauns y muchos más. Entre los druídas escoceses eran los espíritus de los bosques. En el Mahabharata son los vimanas y en todas partes, la manifestación viva de las divinidades locales. Desde mediados del siglo XX en el mundo occidental, son extraterrestres. Aquí os recomiendo leer un libro fantástico sobre ese tema y que se llama “Dimensions”, escrito por Jacques Vallee
¿Qué se proponían? ¿Qué querían de ese grupo de personas al que yo pertenecía? Muy claro: NUESTRA ENERGÍA, disfrazándolo todo como un proceso para conseguir adeptos, misioneros y propagadores de un movimiento de supuesta renovación de la humanidad. Para el efecto incluso citaban textos del evangelio tales como “...son muchos los llamados y pocos los elegidos.” En otras palabras, en la catástrofe nuclear sólo se salvarían aquellos de corazón puro, pues serían ellos. Y sólo ellos, los que según palabras de Jesús, “heredarán la tierra”.
Así pues, por encima de todo, evidentemente, querían nuestra energía mental. ¿Para qué? No sé. Quizás es su “alimento”. Tal vez querían crear una nueva fe. De lo único que puedo estar seguro es que esos seres son muy similares, si es que no son los mismos, al tipo de fuente que “iluminó” a Juana de Arco, a Joseph Smith el fundador de la iglesia mormona, a los innumerables santos y visionarios cristianos y musulmanes, a los mensajeros hindúes, a los shamanes de Siberia, de la selva amazónica y de las praderas de Norteamérica. Sospecho que Quetzalcóatl, Manco Capac, Bochica, Kukulkán y todo el larguísimo etcétera de dioses nacidos de madre virgen encarnados como humanos formaban parte de ellos. De la lista de religiones afectadas por esos seres sólo excluyo, y con muchas reservas, a algunas sectas budistas. Excluyo sin ninguna duda a aquellas religiones, doctrinas o creencias que se basan en la búsqueda de la verdadera naturaleza de nuestro ser en el interior de nosotros mismos. Por ahí sé que está el camino. Si andamos mirando al cielo en busca de lucesitas y shows espectaculares, las veremos sí, pero el único resultado real será tropezar por no mirar dónde ponemos los pies. Mirad hacia adentro. Ahí está todo. Adentro de nosotros está el Gran Todo del que somos parte esencial.

inspira algo de la misma náusea que me dio la descripción del Predador de Don Juan. ¿Notaron que se trata principalmente de un sistema de control espiritual? ¡¡Piensen en todo lo que eso implica!!

Pero hay esperanza. Si quieren controlar nuestro espíritu, entonces quiere decir que éste vale mucho, y que algo podemos hacer en favor de la “luz interna”.

Creo que voy a comprar el libro de Jacques Vallee.


Mito platillista

Encontré por casualidad este foro. Me doy cuenta de que hay personas que están pasando por una experiencia que yo viví hace ya muchos años, y pienso que podría ayudar un poco si resumo brevemente lo que me ocurrió. Quizás la lectura de estas líneas aproveche a los que desean fervientemente un contacto con quienes suelen identificarse ante nosotros como los “HERMANOS MAYORES DE LA HUMANIDAD”.
Todo empezó el 17 de mayo de 1974. Desde aquel día y durante varios meses todo fue un continuo zafarrancho de mensajes telepáticos, localización de grupos de personas interesadas en el fenómeno, avistamientos, intentos de grabar sesiones de contacto, etc. El momento más crucial ocurrió a las 11 de la noche del 27 de agosto de ese año. Aquel día, el grupo de unas 30 personas que veníamos siguiendo con asombro, curiosidad, emoción y tremendo entusiasmo las manifestaciones de esas entidades, TUVIMOS UNA IMPRESIONANTE EXPERIENCIA. Era aquél un grupo heterogéneo en el que había seis o siete profesores universitarios, varios comerciantes, un editor, un banquero, trabajadores, amas de casa, jóvenes estudiantes, un par de hippies, etc. Una de las cosas extraordinarias era que nos guiaban un par de chicas, hijas del banquero, una de 18 y otra de tan sólo 12 años. Las dos tenían poderes de mediumnismo y a través de ellas habíamos venido recibiendo todo tipo de mensajes, entre ellos el que nos citaba aquel día en la cima de un cerro a esa hora.
El espectáculo que allí presenciamos fue inolvidable y lo recuerdo ahora con vivo detalle aunque han pasado ya 35 años desde entonces. De repente, en medio de una noche clara y estrellada, empiezan a “desprenderse” de aquí y allá, de la derecha, de la izquierda, de arriba, de abajo, de todas partes, unas estrellas que se mueven, se acercan a otras, se cruzan en sus estelas, y como en una revista aérea, nos hacen un show increíble de pares y tríos o quintetos y sextetos en perfecta formación. ¡Uau! Muchas cosas ocurrieron aquella noche, además de los vuelos rasantes y tan cercanos a nosotros que nos arrancaban lágrimas y gritos de emoción y alegría: todo eso sucedía en medio de una secuencia de intensísimos relámpagos que silenciosos “estallaban” a nuestro alrededor iluminando el escenario de sus vuelos como si fuera pleno día. Dos o tres personas vieron incluso una brillante figura humanoide que caminaba cerca de donde estábamos.―La mayoría de nosotros no la vio―. Yo difícilmente podía quitar los ojos de las “estrellas” que se movían al nivel de nuestros ojos sobre la ciudad. Aquello duró un par de horas.
Al otro día sonreíamos entre nosotros con complicidad ante los comentarios de la gente acerca de los extraños relámpagos y espectáculo de luces de la noche anterior sobre el cerro. A nadie contamos, porque nos habíamos propuesto mantener el secreto, que nosotros habíamos estado metidos justo en medio de todo aquello.
En septiembre los mensajes que nos llegaban a través de las niñas eran cada vez más apremiantes: EL FIN DEL NUNDO SE ACERCABA, la guerra atómica estaba ya en los umbrales de su aparición, el Apocalipsis era inevitable, y la humanidad entera iba a desaparecer de la faz del planeta. En ese momento nos encontrábamos demasiado obnubilados por la experiencia que vivíamos para razonar con posibilidades de deducción lógica. Sin embargo, un par de semanas después, un joven universitario comenzó a proponer procedimientos de racionalización del fenómeno. Mientras tanto las niñas médiums continuaban entrando en trances anunciando la inminente catástrofe nuclear por una guerra entre las dos grandes potencias del momento, de la que SÓLO SE SALVARÍAN UNOS POCOS SERES HUMANOS, entre ellos nosotros, pero sólo si persistíamos en esos contactos. Para nosotros y los demás elegidos los extraterrestres habían preparado unos refugios en lo más profundo de las selvas amazónicas y cuyas coordenadas geográficas para su localización nos serían dadas un poco antes de la ocurrencia de la catástrofe. Entonces empezó a cundir entre todos nosotros un creciente sentimiento de despreocupación por la vida cotidiana y una obsesión por prepararse para “el final de los tiempos”. ¿Para qué continuar estudiando? ―Se preguntaban unos― si todo se va a acabar. ¿Para qué seguir esclavo de mi negocio? ―decía el comerciante dispuesto a convertirse en misionero e irse a predicar la inminencia del fin. Para todos nosotros la vida y la rutina diaria perdieron su sentido, y yo, que siempre he sido un firme cumplidor del deber laboral, por primera y única vez en mi vida descuidé mis obligaciones. Afortunadamente para todos nosotros, hubo dentro del grupo quién llamara a la sensatez y la reflexión.
¿Quiénes o qué eran esas entidades? Se identificaban como PROCEDENTES DE LAS PLÉYADES, de un planeta llamado Klisoptison. En uno de esos contactos, recuerdo bien, nos pidieron que les entregáramos una porción de nuestras energías vitales: debíamos para hacer eso voltear las palmas de las manos hacia arriba y concentrar todo el poder de la mente en darles lo que pedían. Trataban de tranquilizarnos con respecto a la sensación de cansancio y de sueño que tendríamos en los días siguientes, diciéndonos que era eso parte del proceso de preparar nuestras mentes, haciéndolas más agudas y perceptivas, para recibir directamente sus mensajes sin necesidad de médiums para que las niñas pudieran descansar. (Era evidente el efecto nocivo que sobre ellas tenía esa actividad, y las notábamos cada vez más sensibles y nerviosas, además de que adelgazaban a ojos vistas).
Cada vez nos hablaba una entidad diferente. Se identificaron sucesivamente con los nombres de Kroms, Esteris, Soal, Ekseclón y Cliptos. Por entonces supimos de un ingeniero costarricense llamado Enrique castilloque se hacía muy conocido porque decía haber tenido ENCUENTROS DEL TERCER TIPO CON EXTRATERRESTRES. Lo invitamos a varias de nuestras sesiones. Él mismo era un receptor o “médium” y había estado hablando con un ser llamado Krishnamerk. Cuando él y yo analizamos su experiencia, lo primero que notamos es que ése era un nombre de evidentes raíces sánscritas, -―lo que nos dio interesantes pistas acerca del posible origen de la infinidad de dioses hindúes―.
Cando tímidamente dentro del grupo contactador empezamos en las sesiones a expresar nuestras dudas, en especial con respecto a eso de darles nuestras energías, y del evidente deterioro de la salud de las niñas, intentaron tranquilizarnos. Nos insistieron que SUS INTENCIONES ERAN SALVARNOS, que obraban por nuestro bien, y que esas energías que les dábamos revertirían en posteriores beneficios para nosotros. Como a algunos no nos gustaba la idea de continuar con ese proceso, insistimos en mayores explicaciones. En medio de una sesión de “entrega de energía”, de repente las niñas dieron simultáneamente un respingo, palidecieron intensamente y una de ellas perdió el conocimiento. A continuación, por medio de la que aún hablaba nos ordenaron suspender inmediatamente la sesión y dispersarnos, porque “UNA ENTIDAD MALIGNA” había interferido y se había robado la energía. Aquel día nos alejamos de allí casi con pánico. La chica estuvo en estado de shock durante 24 horas.
Volvimos la noche siguiente. La chica abrió los ojos en su cama y empezó a hablar en trance. Ante nuestra insistencia acerca del peligro que podría implicar para nosotros, nos dijeron a través de ella que nada teníamos que temer, que ellos no eran como otros seres “indeseables”, como ése que nos había interferido y cuya intención era APROVECHARSE DE LOS HUMANOS PARA ROBARLES SUS ENERGÍAS. Por supuesto que prometieron protegernos de ellos, alejarlos de nosotros y hasta eliminarlos.
Como se incrementaban las sospechas entre los más intelectuales del grupo, de que ESTÁBAMOS SIENDO UTILIZADOS POR ALGO O ALGUIEN CON FINES MUY POCO CLAROS, y que era necesario suspender esas sesiones y terminar de una vez con esos contactos, actuaron entonces sobre las niñas: ellas comenzaron a recibir mensajes aún fuera de nuestras sesiones, interfiriéndoles su vida diaria y sus estudios. Pareció como si de repente esas entidades o lo que quiera que fueran, se hubieran dado cuenta que estaban en peligro de perdernos, e intensificaron su acción, conminándonos a reunirnos a diario para contactarlos. Para recordarnos que pronto debíamos irnos por el mundo para predicar sus mensajes, llevando con nosotros el poder de citarlos para dar con su aparición testimonio de lo que decíamos, HACÍAN VISTOSAS APARICIONES SOBRE LA CASA DONDE ESTÁBAMOS REUNIDOS. Nos invitaban a asomarnos a las ventanas y constatar su presencia. Si, nunca fallaron: allí estaban “camuflados” como estrellas que de pronto comenzaban una fantástica danza, produciendo júbilo y renovados bríos en los más fanatizados y dudas en los que nos mostrábamos más reacios a continuar. Una cosa debo aclarar aquí: sólo una vez en que el avistamiento tuvo lugar en pleno día PUDIMOS DETECTAR MUY CLARAMENTE BRILLO METÁLICO EN UNA NAVE. Todo lo demás fueron luces multicolores en la noche.
SE SENTÍA EN ESAS SESIONES UN CAMPO MAGNÉTICO CASI A FLOR DE PIEL. Además, todas las veces que nos encontrábamos reunidos, sin importar el lugar, se interfería la recepción de televisión en todo el vecindario. Debo añadir también que fracasaron todos nuestros intentos de grabar las sesiones, porque al parecer se creaba un campo de fuerza tal que impedía el proceso, y las cintas sólo grababan silbidos y chirridos estridentes. Una vez fallaron tres grabadoras que intentamos usar simultáneamente. Debo decir en su beneficio, que esas entidades tuvieron la delicadeza de hacer excluir de las sesiones a chica que estaba embarazada.
Pero parecían temer mucho que pudiéramos cancelar esas contactaciones y no cesaba la enumeración de los supuestos beneficios que estábamos continuamente recibiendo de ellas. Cuando vieron que el grupo amenazaba disolverse y que las sospechas aumentaban, apelaron a la parte más vulnerable e influenciable en nosotros los humanos: el ego. NOS DIJERON QUE ÉRAMOS ELEGIDOS, que no era la primera vez que nos poníamos en contacto, que en incontables vidas anteriores habíamos iniciado con ellos un proceso de enriquecimiento espiritual, que éramos por ese motivo diferentes a los demás, más evolucionados, y que pronto nos íbamos a beneficiar de esos contactos. Nos decían que en cada sesión estaban activando en nuestros cerebros unas células llamadas “prosilocitos” que la ciencia humana aún no ha descubierto, pero que son aquellas que nos proporcionan acceso a la telepatía, a la clarividencia y al enriquecimiento y perfección de nuestra inteligencia.
Aquello iba ya mucho más allá de lo tolerable. Teníamos que parar. Pero fue muy difícil convencer a los más reacios a disolver el grupo. Los que éramos más conscientes invocamos la salud de las niñas como motivo principal. Los más fanáticos (y ahí se incluían los padres de las chicas) estaban dispuestos a todo, hasta el abandono total de toda actividad que no estuviera relacionada con la experiencia.
Ante el lastimoso estado de las chicas, una noche no pude contenerme más: me levanté muy decidido y conminé a quienquiera que hablaba a través de ellas, a dejarlas en paz, a respetar nuestra libertad como seres humanos, invité a los demás a abandonar esa actividad, y salí de la habitación. Varios me siguieron. En la calle tuve que enfrentar a un energúmeno hermano de las niñas empeñado en que debiera continuarse hasta el final sin importar las consecuencias. Aquella noche por muy poco no nos fuimos a las manos. El grupo, aunque reducido, continuó después de que el núcleo más pensante o intelectual lo abandonó. Finalmente terminó disolviéndose uno o dos años después.
Evidentemente competían ferozmente entre ellos por “COMERSE” NUESTRA ENERGÍA, pero debo aclarar que aparte de eso, nunca recibimos una agresión o cosa similar, y por ese motivo me abstengo de llamarlas “malignas”. Pero de que NOS ENGAÑARON, no me cabe duda y que necesitaban de nosotros, tampoco. Ahora veo que continúan necesitando de “adeptos” y que hay muchas personas dispuestas y decididas a seguirlos. No hago diferencia entre esas entidades. Son las mismas, con el mismo vocabulario y habilidad para encandilar incautos.
A finales de 1974 nos seguían insistentes ―a mí al menos―, manifestándose por ejemplo ante personas relacionadas conmigo que poco o nada sabían de aquello, quizá con la intención de que al contarme mis parientes y amigos lo que veían, me convenciera yo de la necesidad de volver a ellos. Hicieron por ejemplo dos intentos muy serios de contactar a mi esposa, aunque ella nunca había manifestado el menor interés por ellos. Los vi en varias ocasiones siguiéndome cuando viajaba, e incluso una noche, a través de la ventana de mi oficina, mientras hablábamos de ellos, mandaron un flash tan intenso que dejó encandilados y perplejos a todos los que trabajaban conmigo en aquel momento. Pero me negué a aceptarlos, e incluso, en otra ocasión, a pleno día, y mientras caminaba por la calle, volví deliberadamente la espalda a una nube que flotaba sobre los edificios y de la que salían resplandores metálicos y que comenzaba ya a atraer la atención de los transeúntes. Poco a poco empezaron a ser más distantes y débiles las señales de su presencia, hasta que cesaron por completo a mediados de 1975.
Pues la ciencia aún no encuentra los tales “prosilocitos” en nuestro cerebro; evidentemente no ocurrió una guerra atómica entre las dos grandes potencias de aquella época, y sin embargo ahora veo en este foro que esos “hermanos mayores” todavía siguen apareciendo y haciendo vistosos shows para reclutar adeptos a...¿Qué? No lo sé. ¿QUIÉNES SON? Tampoco lo sé. ¿Extraterrestres? No lo creo. Me inclino más por la teoría de que conviven con nosotros y que se mueven en el astral o/y en una interdimensionalidad que está más allá de nuestra comprensión y tecnología. Enrique ha asegurado siempre que sí son extraterrestres. A propósito de Enrique: perdí después todo contacto con él, pero lo vi hace unos ocho años en la televisión, tan obsesionado como en los setenta, hablando sobre el tema, y me di cuenta que insiste en seguir llamándolos extraterrestres. Bueno, hay que considerar que él había tenido un encuentro del tercer tipo unos meses antes de que compartiéramos la experiencia con el grupo de contactadores de aquella época. En dos o más ocasiones el pasó muchas horas dentro de un OVNI, una buena parte de ellas en diálogo con esos seres.
Desde 1975, y con cabeza fría, libre ya de la presión del grupo, me puse a investigar buscándolos en la historia de la humanidad. Con el paso de los años concluí poco a poco que esas entidades HAN ESTADO CON NOSOTROS DURANTE MILENIOS, y sólo cambia su forma y manera de percibirse de acuerdo con los tiempos, la mentalidad, la ideología y las culturas en que se manifiestan: en los tiempos bíblicos eran ángeles; en Persia eran jins. En Arabia eran effrit. En Caldea eran los Igigis y Nibirus. En Europa del norte eran los Aesir y Vanir. En Irlanda y todo el folclor celta aparecen con diferentes nombres tales como Twata de Danaam, Leprechauns y muchos más. Entre los druídas escoceses eran los espíritus de los bosques. En el Mahabharata son los vimanas y en todas partes, la manifestación viva de las divinidades locales. Desde mediados del siglo XX en el mundo occidental, son extraterrestres. Aquí os recomiendo leer un libro fantástico sobre ese tema y que se llama “Dimensions”, escrito por Jacques Vallee
¿Qué se proponían? ¿Qué querían de ese grupo de personas al que yo pertenecía? Muy claro: NUESTRA ENERGÍA, disfrazándolo todo como un proceso para conseguir adeptos, misioneros y propagadores de un movimiento de supuesta renovación de la humanidad. Para el efecto incluso citaban textos del evangelio tales como “...son muchos los llamados y pocos los elegidos.” En otras palabras, en la catástrofe nuclear sólo se salvarían aquellos de corazón puro, pues serían ellos. Y sólo ellos, los que según palabras de Jesús, “heredarán la tierra”.
Así pues, por encima de todo, evidentemente, querían nuestra energía mental. ¿Para qué? No sé. Quizás es su “alimento”. Tal vez querían crear una nueva fe. De lo único que puedo estar seguro es que esos seres son muy similares, si es que no son los mismos, al tipo de fuente que “iluminó” a Juana de Arco, a Joseph Smith el fundador de la iglesia mormona, a los innumerables santos y visionarios cristianos y musulmanes, a los mensajeros hindúes, a los shamanes de Siberia, de la selva amazónica y de las praderas de Norteamérica. Sospecho que Quetzalcóatl, Manco Capac, Bochica, Kukulkán y todo el larguísimo etcétera de dioses nacidos de madre virgen encarnados como humanos formaban parte de ellos. De la lista de religiones afectadas por esos seres sólo excluyo, y con muchas reservas, a algunas sectas budistas. Excluyo sin ninguna duda a aquellas religiones, doctrinas o creencias que se basan en la búsqueda de la verdadera naturaleza de nuestro ser en el interior de nosotros mismos. Por ahí sé que está el camino. Si andamos mirando al cielo en busca de lucesitas y shows espectaculares, las veremos sí, pero el único resultado real será tropezar por no mirar dónde ponemos los pies. Mirad hacia adentro. Ahí está todo. Adentro de nosotros está el Gran Todo del que somos parte esencial.