viernes, 25 de septiembre de 2009

La burbuja emocional

Es una pena que no tengamos la misma tradición de apuestas que el Reino Unido y no se pueda distinguir el porcentaje de gente que cree que va a ocurrir algo y los que creen que no va a ser así. Nos habría sorprendido ver cuantos incautos creían que la selección española era, una vez más, la favorita de la Eurocopa. También podríamos ver la opinión respecto a temas de mayor trascendencia. La gente apostaría por la retirada de tropas de Irak, y habría ganado. Y una apuesta a largo plazo sería la de la explosíon de la burbuja inmobiliaria.
Me decanto por pensar que va a medio explotar, categoría que ninguna casa de apuestas aceptaría. Quisiera expresar mi opinión al respecto, como persona que todo lo piensa y que vive metida en la más pomposa de las ciudades afectadas por la burbuja, Madrid.
En Madrid los precios subieron de forma casi natural hasta que llegó la especulación con mayúsculas. Una de las principales causas, según apunta sin el más mínimo rubor el mismísimo gobierno, fue el blanqueo de dinero que se produjo con la llegada del Euro. Y es cierto, pues recuerdo que eran más frecuentes los carteles del tipo “compro casa, no me importa como esté, pago al contado”. Al margen de la lamentable vista gorda del perpetuo gobierno de república bananera que los españoles siempre tendremos, la situación hizo que los precios sobrepasaran el límite de lo razonable. Ahí es donde se encuentran ahora.
II
La situación para un comprador es la siguiente: Si compra porque quiere independizarse, se da cuenta de que los pisos valen, al menos, 40 millones. Desde luego, hay pisos a 25, a 30, a 35… pero la actitud es siempre, ¿voy a comprarme un piso que está lejos del trabajo, es viejo, es pequeño, está en una mala zona, gastándome tanto dinero? Porque pagar 25 millones por algo que no gusta es más que ofensivo. Y entonces la gente insiste en los de 40(y tantos). Entonces empiezan las cuentas que no salen. De salida, una persona sola en España no puede pagar la letra resultante. Claro, los actores buenos de la televisión tal vez. O el ingeniero Cum Laude que encuentre un trabajazo de enchufe. El resto de los mortales, que son mayoría, no puede. Surge entonces la obligación de comprar en pareja.
Esto es terrible por múltiples aspectos. Usando un ejemplo que repetiré, nos recuerda a los tiempos en que las mujeres tenían que casarse para tener la opción de vivir en una casa propia(del marido). La liberación lleva a que la situación sea idéntica para hombres y mujeres. La primera concesión es que para vivir independiente hay que vivir en pareja.
Otra desventaja de la compra forzada en pareja es que precipita los acontecimientos. Parejas que no están al 100% bien, pero que quieren tener dónde convivir optan por comprarse la casa antes de ver si son aptos el uno para el otro. Esto ahora recuerda a los tiempos en que la gente se casaba virgen y luego se llevaba muchos chascos sexuales. Ahora te puedes dar cuenta de que ella es muy guapa arreglada, pero horrible por la mañana, o que él tiene la fea costumbre de no tirar de la cadena.
El tercer problema, tal vez el mayor, es que en vez de unir a dos personas con una ceremonia bonita y una hoja de papel ahora se las une con una piedra atada al cuello. Juntar a dos personas por algo malo es terrible.
Primero por la dependencia que se crea, que nos hace recordar los tiempos en que las mujeres no se podían divorciar porque entonces se quedaban sin dónde vivir. Ahora también los hombres se pueden quedar sin un techo.
Todo esto desemboca en que muchas de estas parejas acaban rompiéndose. Entonces surge un problema, que suele resolverse poniendo el piso en venta. La oferta de vivienda seminueva no deja de aumentar. Pero es difícil de vender, porque tiene casi el precio de la nueva pero no las facilidades de pago de aquella.
III
Habiendo llegado a los 40 millones las posibilidades de recuperar la inversión son mínimas. Dado que al principio se pagan casi sólo intereses, y los gastos de comisiones, notario, etc, aparte de la depreciación del dinero con el tiempo, esa casa que valía 40 millones hace un año ahora tendría que venderse por, al menos, 45. Pero esto ya traspasa el margen de lo humanamente posible. Porque el banco no te permitirá un letra de más del 55% de tu sueldo, sea o no compartido. Con el número 45 esto ya casi no es posible. Las parejas se lo piensan, y muchas deciden no comprar.
Pero la pescadilla se muerde la cola, y ese divorciado inmobiliario, que de chiripa ha conseguido vender su casa a 45 millones, se encuentra sin pareja, tal vez con unos ahorrillos de un par de millones y sin la más remota posibilidad de comprar. Ante la desesperación, una actitud cada vez más común es la de hacerlo de nuevo con una pareja reciente, si no funcionó con tu novia de diez años, ¿por qué no habría de hacerlo con ésta con la que llevo sólo tres meses? Y la gente salta de nuevo al tren de las compras, con precios aún mayores, con parejas peores, con más años y menos ilusiones.
IIII
Así, creo que la burbuja más peligrosa es la emocional. Las estadísticas dicen que hoy en día la mitad de las parejas acaban en divorcio. Si le preguntan a mi madre por qué hay ahora tantos divorcios, te dirá que porque la gente no aguanta ni una, que exige demasiado. Pero tal vez esa sea la actitud correcta.
Gran parte de la culpa de estas separaciones las tienen los pisos y las circunstancias en las que la gente acaba comprándolos. No sé si la burbuja inmobiliaria explotará, pero creo que la emocional sí que lo hará, y las consecuencias serán terribles. Un mundo de parejas mal avenidas, de solteros a la fuerza. Y de pisos tremendamente caros.


Extraído de:

http://www.asinorum.com/la-burbuja-emocional/69/