sábado, 31 de enero de 2009

¿Por qué vemos mal al mundo?

¿Por qué vemos mal al mundo?

Will Groves - Strike the Root
27/01/09
Traducción: El Averiguador

© Sott.net

Considera estos eventos:

1. Un presidente que ha comenzado dos guerras de agresión, que es responsable por la pérdida de cientos de vidas americanas y cientos de miles de vidas iraquíes y afganas, abandona su cargo como un hombre libre sin acusaciones por delitos y ninguna repercusión negativa.

2. Mientras tanto, la misma población que tuvo una íntima experiencia con políticos mentirosos parece completamente rendida ante un nuevo presidente de habla relajada que promete cambios y demanda sacrificios.

3. El Congreso, que tenía un porcentaje de aprobación del 14% y que acaba de aprobar un salvataje de $700 billones por sobre las objeciones de la mayoría de los americanos, obtuvo un porcentaje de ratificación que excedió el 95%.

4. Innumerables millones de americanos apoyan a las tropas militares mientras estas mueren innecesariamente, son heridos y separados de sus familias y del trabajo productivo en casa.

5. Una población general que creyó que comprar bienes improductivos, tales como propiedades, los haría ricos para siempre y sin ninguna explicación sobre el porque de ello.

6. Investigadores que buscan explicaciones alternativas al SIDA y cáncer les han recortado sus fondos y han tenido los resultados de sus investigaciones silenciadas, mientras otros que buscan mejorar la vida suministrando alimentos saludables se encuentran bajo ataque.

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La abierta criminalidad por parte de los líderes y el pasivo y poco claro pensamiento de la prole se ha convertido en la norma. Los dos van de la mano, creando un simbiótico ecosistema de tiranía. Fraude, robo y asesinatos se han expandido, al igual que la escala de mentiras dichas y creídas ha alcanzado nuevas alturas. La irresponsabilidad se ha socializado mientras que aquellos en la honesta búsqueda del bien resultan frustrados.

Aquellos de nosotros que queremos un algo más que paz y libertad no manejamos el mundo. Buscar la libertad contradice el controlar a otros, por lo tanto podemos razonar que la gente que busca poder tiene ciertas motivaciones separadas de las nuestras.

Hasta hace poco, no comprendía completamente las implicaciones de esto. A pesar de toda la evidencia que demuestra lo contrario, yo había asumido que la gente que hace ejercicio del poder sienten de la misma manera que yo en cuestiones morales – tan solo no podía ver el porqué cometen y justifican comportamientos inmorales. Yo ya sabía que los estados funcionan según un código que el resto de nosotros no aplicamos en nuestras vidas. Sin embargo, supuse que un hombre que actúa sin tener en cuenta las leyes morales debe sentirse culpable por ello. Luego, un día, pensé en esta idea: supongamos que no se siente culpable.

Solo con pequeñas ambiciones, probablemente se comporte como un criminal común, como un depredador. Miente para obtener ventaja, utiliza la fuerza para salirse con la suya, y roba sin conciencia. No sentirse culpable sobre el comportamiento inmoral lo motiva a cometer más actos criminales.

Las pequeñas operaciones criminales tienen un gran problema, a saber, el riesgo de ser atrapado. La posibilidad de caer en prisión parece poco atractiva, pero incluso con la probabilidad del arresto y captura, los criminales comunes realizan sus actos con poca sofisticación y por lo general pagan el precio. Otros individuos de mentalidad similar ven formas de evitar estos problemas. De la misma manera que la gente normal desarrolla un interés en crecer y en averiguar como perseguirlos en altos niveles, una mente criminal puede hacer lo mismo. Con mayor inteligencia y paciencia, puede perseguir una ambiciosa carrera de criminalidad. Con este objetivo en mente, uno puede fácilmente ver al estado como el medio más conveniente para conseguirlo.

Una vez que el criminal se une a las fuerzas del estado al convertirse en empleado, puede mentir para obtener ventaja, utilizar la fuerza para abrirse camino, y robar sin conciencia, de la misma manera que lo hace un trabajador cualquiera. Las oportunidades para las diabluras no tienen límites con una dedicada selección laboral mediante. Por ejemplo, si un hombre siente placer ante el sufrimiento de personas inocentes, podría convertirse en un oficial de policía y plantar evidencia. En otro caso, si quisiera asesinar gente, podría convertirse en oficial militar y “accidentalmente” ingresar las coordenadas de una casa que quisiera ver bombardeada. Sea lo que hagan, el estado los cubre de las consecuencias naturales de sus acciones. Con toda probabilidad, si son inteligentes, nunca serán atrapados, nunca serán castigados, y probablemente serán elogiados.

Habitualmente, he asumido que la gente que trabaja para el estado solo acepta los trabajos debido a las pocas horas y la buena paga, beneficios, y jubilación. Aunque para el depredador, ofrece todas estas cosas con el delicioso beneficio de satisfacer sus necesidades criminales sin riesgos de reprensiones.

Resulta ser que este tipo de personalidad tiene un nombre científico: psicopática. A menos que creas que estoy bromeando, cito a Científico Americano:
Superficialmente encantadores, los psicópatas tienden a causar una buena primera impresión sobre los demás y por lo general impactan a los observadores por su asombrosa normalidad. Aún así, son egoístas, deshonestos y desconfiables, y en ocasiones se involucran en comportamientos irresponsables sin otra razón aparente que por mera diversión. Desprovistos ampliamente de culpa, empatía y amor, tienen relaciones románticas casuales y desalmadas. Rutinariamente, los psicópatas, ofrecen excusas por sus despiadadas y, habitualmente, atroces acciones colocando la responsabilidad sobre otros. Rara vez aprenden de sus errores o se benefician del criticismo negativo, y tienen dificultades para inhibir sus impulsos.
Esta parece casi una perfecta descripción de aquellos que buscan poder político. Ese mismo artículo dice que los campos sobre-representados por psicópatas podrían incluir a la “política, negocios, y entretenimiento. Todavía la evidencia científica para esta conjetura es preliminar”. Resulta que existe una evidencia mucho más fuerte en comparación a lo que deja entrever el artículo.

En el libro Ponerología Política, Andrew Lobaczewski declara que cerca del 6% de la población posee rasgos psicopáticos. Las implicaciones de esto, que él reconoció poco después de la Segunda Guerra, hicieron explotar su mente. Además, sugiere que otro 12% de la población tiene una elevada susceptibilidad al pensamiento psicopático. En un mundo dominado por estructuras jerárquicas, estas personas arrebatan el control de las posiciones clave y crean lo que se denomina “patocracia”. Lobaczewski continúa, de una manera que claramente anticipa la actual realidad:
Dentro de este sistema patocrático, el hombre común es responsabilizado por no haber nacido psicópata, y es considerado bueno para nada excepto para el trabajo duro, para luchar y morir para proteger un sistema de gobierno que no puede comprender suficientemente y que tampoco puede considerarlo como propio. Una cada vez más fuerte red de individuos psicopáticos y similares gradualmente comienzan a dominar, eclipsando a otros.
La gente normal no ha considerado la posibilidad de que ciertas personas que parecen normales podrían no poseer inhibiciones morales. Se equivocan al creer que sus líderes tienen buenas intensiones. Los empleados de los psicópatas, por lo tanto, llevan adelante los planes de sus jefes cegados ante la realidad. Sin importar el alcance de la “equivocación”, el liderazgo siempre puede apuntar nuevamente a sus declaradas buenas intensiones y salvarse de la horca. De hecho, más daño generan, más fuerte es la llamada a otorgarles más poder a su fallida agencia para que puedan “prevenir” que cualquier cosa similar vuelva a suceder.

Su Modus Operandi se concentra en averiguar que tanto pueden salirse con la suya, y no vemos señales de que hayan siquiera comenzado a acercarse a los límites que el público esté dispuesto a aceptar. Independientemente de los calvarios que generan, la vasta mayoría de la gente les otorga el beneficio de la duda una y otra vez y continúan con su apoyo al sistema. Esta creencia entre la gente buena ha llevado al democidio del siglo 20 que continúa imbatible hasta nuestros días.

Luego de considerar la posibilidad de que los psicópatas han tomado el control de la sociedad, encontramos montones de evidencia que apoyan esta hipótesis. ¿Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot simpatizaron con sus víctimas o experimentaron algún sentido de culpa? Más recientemente, entre Bush, Cheney, Rove, Rumsfeld, o Clinton, ¿podemos observar a uno que al menos exhiba una fachada cercana a la normalidad? Obviamente no – en esta lista no hay una sola persona que no posea cero responsabilidad hacia una moralidad racional. Si gente como ésta puede abrirse camino hacia los más altos niveles del poder, ¿qué dice eso acerca de los puestos inferiores?

Sugiere que personas como estas poseen control sobre las palancas de poder en todos los lugares. Vivimos en un período en el que la población general no puede alcanzar lo que quiere, y aún muy pocos parecen saber porque. Por ejemplo, las encuestas indican consistentemente que las cuestiones educativas preocupan al público, y a pesar de esto, década tras década, la educación está cuantitativamente peor. ¡Qué misterio! Evidentemente, si confiamos en nuestros bienintencionados amos, 2.000 años de civilización occidental todavía no han determinado las formas más efectivas de transmitir conocimientos importantes a las generaciones más jóvenes. Sin embargo, ¿qué sucede si por un momento suspendemos nuestra creencia en su benevolencia y consideramos otras posibilidades? Si las escuelas fallan en alcanzar sus objetivos con el correr de las décadas, ¿puede ser que algunos grupos vean esto como un éxito?

Inhibir el pensamiento crítico en las masas obviamente beneficia al estado y a los psicópatas. Cuando el comportamiento abiertamente egoísta, irresponsable, ilegal, inmoral e irracional es aceptado como normal, podemos entonces concluir que el sistema educacional parece funcionar muy bien para nuestros amos. No he dado un solo ejemplo, y así y todo la multitud de funciones estatales existen para proveer un trabajo a cada variedad de interés psicopático. Es más, deberíamos considerar que el estado no solo actúa como un centro de reclutamiento para psicópatas, sino que los probablemente los psicópatas inventaron el estado para ganar ventaja por sobre el resto de nosotros. No puedo dar una mejor explicación para la existencia de una organización que falla en cada dimensión ética y que invoca un pensamiento psicopático en cada lugar que actúa.

Nuestra batalla por la libertad aparece no solo como un conflicto entre aquellos que desean la libertad versus aquellos que quieren controlar, sino que en cambio aparece como la batalla entre la gente normal y los psicópatas. Dentro de la hipótesis psicopática he descubierto una increíble explicación para nuestro mundo: Al mundo lo vemos mal porque es conducido por psicópatas. En un país entrenado para descartar y ridiculizar todas las ideas que vayan más allá del promedio, las explicaciones coherentes sobre fenómenos sociales observables no obtienen mucha prensa. Sin la comprensión de las leyes físicas, nunca hubiésemos fundado las grandes mejoras de nuestra calidad de vida a partir de los desarrollos tecnológicos. Igualmente, sin una comprensión de nuestros sistemas sociales, nunca escaparemos a la tiranía desatada sobre nosotros por parte de los psicópatas. Debemos esparcir la palabra y explorar con vigor esta rica veta de pensamiento.

1 comentario:

Alvaro dijo...

Hola Fonollosa,

¿Que piensas de este señor (Drunvalo Melchizedek) y las cosas q dice?

Un saludo y espero q sigas con tu fantastico y valiosisimo trabajo en este blog ;)