lunes, 26 de enero de 2009

Transgénicos + Nuevo Orden = Miseria

Articulazo de Mariano Cereijo Gelo:

(TRANSGÉNICOS)2 + (NUEVO ORDEN)2 = (MISERIA)2
-Parte segunda-

Por Mariano Cereijo Gelo
(Ecologista y consultor ambiental)

Para los consumidores, los transgénicos en el neoliberalismo del Nuevo Orden Mundial, supondrá la erosión y progresiva pérdida de la seguridad alimentaria. La superposición de los intereses corporativos a los nacionales será total. La figura de los gobiernos soberanos sufrirá una metamorfosis, trasformándose en conglomerados fríos y distantes de marionetas de cuello blanco, que permitirán la invasión masiva de transgénicos, tanto en forma de cultivo como en forma de alimento. El libre mercado permitirá a los intereses económicos, usurpar aún más a la ciudadanía, los instrumentos para consumir de una forma segura y libre, enfrentándose a los riesgos -cada vez más elocuentes- de los cultivos y alimentos transgénicos. Las consecuencias serán las siguientes:

1-La principal, estriba en los riesgos para la salud derivados del consumo de transgénicos. Dichos riesgos, se multiplican con el fenómeno de Filtración Genética (Más información leer mi artículo titulado “No, no y no” [1] ), por el cual, trazas transgénicas pueden aparecer involuntaria, desconocida e inevitablemente, en alimentos y cultivos normales. El caso del Maíz Star Link ilustra la gravedad del asunto, ya que no es apto para consumo humano y sin embargo, logró filtrarse en la dieta humana.

2-Ante cualquier riesgo para la salud humana, los consumidores carecerán de información o la misma será manipulada.

3-Los productos alimentarios Norteamericanos, invadirán los mercados internacionales, compitiendo y desplazando los productos locales. Esto sucede porque dicho país subsidia su agricultura, su tecnología está más avanzada, sus productos son más competitivos y los acuerdos que firma con otros países, le benefician claramente. Por lo tanto, los mercados se verán llenos de productos y alimentos norteamericanos, repletos en su interior de material transgénico.

En México, desde la entrada del TLC’s con Canadá y Estados Unidos, la importación de maíz desde Estados Unidos se ha multiplicado por 17, dejando en la pobreza a cientos de miles de agricultores. Eso significa también, que desde la firma del TLC, los consumidores mexicanos se exponen con más facilidad a consumir maíz transgénico importado desde Estados Unidos.

4-Colonización alimentaria o el génesis de las “Republiquetas Soyeras”. Desde que los campos Argentinos se llenaron de la soya transgénica de Monsanto, las campañas mediáticas e institucionales sobre las maravillas de este alimento se multiplicaron, a pesar de las dudas sobre su seguridad. Por lo tanto, no solo bastará con crear la oferta. También habrá que crear la demanda. Aunque se engañe y se juegue con la alimentación y la seguridad de millones de personas [2] .

5-Con la invasión de los productos transgénicos, los consumidores adquirirán productos alimentarios, que seguirán atiborrados de todo tipo de plaguicidas y productos químicos.

6-La apertura de mercados permitirá la occidentalización alimentaria, con la infiltración de nuevos y variados productos prefrabricados, que llevarán en su interior ingredientes transgénicos.

7-El estado puede quedar muy mermado en sus funciones de informar, intervenir, legislar y prevenir. Cualquier intento de entrometerse en los negocios de las multinacionales que promueven los transgénicos, podría acabar en un juicio ante un tribunal internacional.

De hecho, ya se han creado estancias para la denominada “Resolución de controversias” entre las partes (por ejemplo, entre un estado y una multinacional). El Banco Mundial financia el Centro Internacional de Arreglo de Diferendos Relativos a Inversiones (CIADI). La OMC cuenta con el Órgano de Regulación de Diferendos, formado en cada caso, por entre tres y cinco personas designadas por las partes implicadas y la propia OMC. La disputa no está abierta al público y algunos casos resueltos, demuestran que las sentencias que emiten ambos órganos se basan únicamente en criterios comerciales y económicos suscritos en acuerdos y tratados.

Imagínense que un país se negara a importar y cultivar OGM’s, ante las dudas que generan éstos para las personas y el medio ambiente. La OMC, arguyendo que dicha prohibición es un obstáculo al libre comercio, podría obligarle a importar forzosamente los cultivos y alimentos transgénicos, arriesgando la salud de sus ciudadanos y del medio ambiente. Y a modo disuasorio, la OMC podría establecer sentencias y sanciones al país que atente contra el libre comercio, y cuyo único crimen fue proteger a su ciudadanía ante un riesgo inminente [3] .

Obsérvese como las leyes, los gobiernos y los juzgados de un país (poder legislativo, ejecutivo y judicial), son relegados por los acuerdos neoliberales y su “Resolución de Conflictos”. Aún recuerdo en primaria, cuando el profesor nos explicaba que en cualquier democracia, los tres poderes deben ser independientes y separados. Ahora, en pleno siglo XXI, la OMC legisla, ejecuta y juzga. (:-(

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A nivel social y político, la decadencia de la democracia y la renovada dictadura del capital (Unilaterismo político) han usurpado al demos cualquier participación activa y decisiva en este debate. Las estadísticas hablan de un claro rechazo a los transgénicos y sin embargo ya los tenemos en nuestros platos. Las opiniones de la sociedad civil son obviadas sistemáticamente. Los espacios son cerrados herméticamente.

Los señores del Nuevo Orden, anteponen el capitalismo multinacional, a la voluntad del demos que les privilegió la cracia. Promueven y firman las leyes que permiten el cultivo, consumo y libre tránsito de los transgénicos. Repiten como loros, los argumentos solidarios y esperanzadores que anteriormente han pronunciado las multinacionales. Hacen oídos sordos al resto. Los ignoran mientras se regocijan. Acusándoles de ir contra el progreso. Prefieren el rédito económico de las multinacionales, al principio de precaución y la seguridad para su pueblo. La del medio ambiente, ni se la cuestionan. OMC el Padre, OMC el Hijo, OMC el Espíritu Santo.

No muestran un ápice de interés en establecer controles y medidas. Ni tan siquiera etiquetar. Toleran y fomentan la desinformación y la ignorancia. No solo desoyen a la sociedad, también a científicos independientes y disidentes. Los llegan a perseguir. Para que callen. Pregúntenle al Pr. Pusztai. Funcionan como autómatas ante las instrucciones que les da el Nuevo Orden. Cumplen perfectamente su función histórica. Alienar al demos y robarle la cracia. Vendepatrias. Ni más ni menos.

Como en cualquier dictadura, la propaganda juega un papel decisivo. Los Reverendos del Nuevo Orden, siguen coloreando y dirigiendo la información a su antojo. Compran espacios pagados o páginas de Opinión, para decirnos las benevolencias transgénicas. Las grandes corporaciones mediáticas forman parte de la secta. Son censuradas si se salen del redil y se auto-censuran para competir mejor. Como cualquier producto de mercado en un mundo capitalista, si la demanda exige conocer las intimidades de Letizia y Felipe, la oferta periodística acude allí sin pensarlo. Fomentando la pasividad. El aborregamiento. Indiferentes hacia la gravedad de un mundo alimentado por transgénicos, o un mundo sin acceso político a medicamentos genéricos. Subsisten de la publicidad. “Compre ricas uvas transgénicas para esta Navidad”. A toda página y en color. Quién paga, manda. Las consecuencias en la página de sucesos. ¿Independencia y libertad?. No me jodan.

Ante semejante panorama, la izquierda y la sociedad se sienten apabulladas ante el excesivo trabajo que el Nuevo Orden impone. La primera está como fuera de lugar. Ha perdido amor propio. Necesita mutar y adaptarse. La segunda anda perpleja, hipnotizada y deambulante ante la rapidez con la que suceden los acontecimientos en este Nuevo Mundo. Mientras, los transgénicos se filtran en sus canastas para ser consumidos. Algunas de sus ONG’s anteponen la supervivencia a la causa. Actúan como empresas. Compitiendo entre ellas, a ver quién ofrece las píldoras solidarias más alucinantes. Son burócratas. Aburguesadas. Políticamente correctas. Insulsas. Impenetrables. Sus clientes son los socios y militantes. El producto es la solidaridad, la acción directa y la lucha. Si hay clientes que compran el producto, la ONG y su Consejo de Administración subsisten. Sino quiebran.

Y en el sólido totalitarismo del Nuevo Orden, ese trabajo errante emprendido por la izquierda y la sociedad, se puede convertir en inútil e inoperante, con el riesgo de desembocar en desgaste, desesperanza y hastío.

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¿Será Irak en los próximos años, una potencia mundial en el cultivo de transgénicos? Si la respuesta fuera positiva, quedaría demostrado que el hegemonismo militar del Nuevo Orden Mundial, facilitará el consumo y cultivo de transgénicos.

En principio, si llega ayuda alimentaria donada por la USAID, tengan por seguro que incluirá alimentos con material transgénico. (Más información leer mi artículo titulado “Cuando los diccionarios se quedan sin palabras” [4] ). Después, hay que mirar con lupa, aquellas empresas que se asienten por Bagdad con el nuevo régimen. Puede ser que, escondidas entre las multinacionales petroleras o constructoras, aparezcan las biotecnológicas con sus patentes y sus semillas, dispuestas a caer sobre el agricultor iraquí. Posiblemente, en los planes del gran Reverendo Bush, la invasión a Irak tenía un arco de intervención mucho más amplio que el petróleo.

Si más tarde, el panorama se tranquiliza y permite el trabajo de ciertas ONG’s, cuidadito con aquellas de dudosa procedencia que desarrollen programas y proyectos entre los agricultores.

En la dialéctica que utiliza en Nuevo Orden para referirse al futuro de Irak, se utiliza conscientemente el término reconstrucción. En el fondo, independientemente de que esté en manos de Norteamérica, de una prefabricada Asamblea Provisional o de Naciones Unidas; dicha reconstrucción no es más que una occidentalización.

A parte de los rasgos administrativos occidentales, pronto, en Irak florecerán los McDonald’s, los celulares y las pinceladas más comunes de la cultura única. Como me dijo un amigo, Disneylandia será el atractivo cultural del futuro, en detrimento de los tesoros históricos destruidos durante la ocupación.

En Nicaragua por ejemplo, ya sucedió. La esperanza y la ilusión de una revolución, quedó borrada a través de una guerra civil sintética, diseñada desde los laboratorios de la CIA, que devolvió el poder a la derecha. Hoy, trece años después, Nicaragua es un país pobre, pero con una mentalidad capitalista desorbitante entre sus gentes. La supremacía y opresión militar, derivó en gobiernos serviles que han facilitado la occidentalización del país.

Por lo tanto, el hegemonismo militar instaurará gobiernos y regímenes que servirán ciegamente los intereses del Nuevo Orden, acatando las directrices y pautas del mismo. Los países víctima, se occidentalizarán y entrarán en el circuito de países dependientes. Los transgénicos entrarán en forma de alimentos y de cultivos porque los nuevos gobernantes, instaurados con la sangre y sufrimiento del pueblo, no servirán los intereses nacionales sino los intereses económicos, geopolíticos y de poder del Nuevo Orden Mundial.

La represión militar no será la única que sufrirán los “Países en reconstrucción”. Los agricultores, una vez atados a los contratos y patentes de las multinacionales, tendrán que soportar a las policías secretas que vigilan los campos y los amedrentan (Más información leer mi artículo titulado “Cuando las barbas de Percy veas cortar, pon las tuyas a remojar” [5] ). Aunque parezca surrealista, Monsanto tiene una especie de cuerpo policial que observa los movimientos del agricultor, toma muestras de los cultivos y con solo su presencia, impone respeto y congoja. Su finalidad última, es que ningún agricultor infrinja las cláusulas de los contratos o se aproveche de la “propiedad intelectual” de la multinacional. Si esto sucede, el siguiente eslabón es la “represión legal”. Y si el sistema judicial fallara a favor del agricultor, siempre se podrá “resolver la controversia” para sentar jurisprudencia demostrando así, quién es el más fuerte.

***

Es difícil de creer que el Reverendo Bush se invente armas de destrucción masiva en un país, ante la negativa de éste en conceder licencias sobre cultivos transgénicos. Pero no es ni imposible ni descabellado.

Hasta hace pocos años, el mundo vivió sin petróleo. Pero desde siempre, el mundo se tuvo que alimentar. Los transgénicos garantizan dentro del Nuevo Orden, el control de la alimentación y ésta no es solo un negocio. La alimentación es un instrumento de sometimiento y poder. ¿Qué no hará un país hambriento por dar comida a su gente?

El 70% de los pobres del mundo viven y dependen de la agricultura y sus alimentos. Una parte se la comen. La otra la intercambian por detergente para lavar la ropa. Otra parte, se la regalan al profesor de la comunidad, porque éste no llega a fin de mes. Y el resto, la venden para comprar medicinas, cuadernos y ropa. ¿Qué tal dominar todo el tinglado?

Argumentos existen. No hay que descartar por lo tanto, que las armas químicas del futuro las ubiquen en países que eluden los cultivos transgénicos. Por supuesto que en dichos países se habrá visto a Bin Laden y por descontado, algo tendrá que ver con el 11-S del 2001.

Y hablando de onces y de septiembres, al Nuevo Orden no le convendría olvidar el de 1973. Retumban unas palabras proféticas, que quedaron grabadas en el demos y en la historia. Analgésico ante la rabia, por cada niño irakí muerto. Por cada TLC. Por tanta chanchada. Combustible para millones de personas que escalan día a día la montaña de la historia, en busca de unas alamedas por las que pasar libremente. Todos. Todas. Sin excepción. Sin transgénicos.

(Fin de la segunda parte y del artículo)


[2] Aconsejable la lectura del artículo titulado “Soja Solidaria y Sometimiento” de Luís Sabini: http://www.grain.org/sp/publications/biodiv35-4-soja.cfm

[3] Parte de esta información ha sido obtenida del artículo de AMIGOS DE LA TIERRA: “OMC fuera de nuestra comida”. En www.tierra.org/transgénicos. También del libro “El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica: Impactos económicos y sociales”, de Raúl Moreno, editado por Red Sinti Techan, Alianza Social Continental y Comité de Servicio de Amigos. Año 2003.